El aparato auditivo aquí reproducido evidencia los órganos externos, aptos para la recepción de la señal
sonora, y los órganos internos, necesarios para elaborarla, a fin de volverla comprensible para el cerebro
humano.
Mientras los órganos externos (entre los cuales, el tímpano) pueden sufrir únicamente daños parciales y
pueden reconstruirse, aquéllos internos, que están constituidos por las pestañas auditivas y por los
nervios, una vez que dañados, están perdidos para siempre.
Desafortunadamente, la exposición prolongada a fuentes de ruido muy poderosas perjudica las pestañas
auditivas, con la consiguiente pérdida, gradual, pero irreversible, del oído. Por lo tanto, es evidente
que ¡es importante evaluar la máquina también desde el punto de vista de sus emisiones sonoras! Para hacer
esto, basta consultar el manual de uso y mantenimiento de la máquina y buscar entre los datos técnicos
aquél específico del "nivel de presión acústica en el puesto del operador" (LpA). Como es lógico,
cuanto más bajo resulta este valor, menor será el riesgo de daños al oído.
La reglamentación vigente establece además que si el nivel es inferior a los 85 dB, no son necesarios
dispositivos protectores individuales, ni visitas de control con el médico de la fábrica; superado ese
límite, al contrario, el empleador debe tomar toda una serie de medidas de protección para el trabajador.































